Proyecto de Convivencia
La convivencia requiere de la capacidad de vivir juntos respetándonos y consensuando las normas básicas. Ello implica la posibilidad de ponerse en el lugar del otro, compartir, cooperar, respetarse, comunicarse, autocontrol y autorregulación, capacidad de participación, de aportar ideas y críticas y creativas. Son señas de identidad de la convivencia: comprender, respetar y construir normas que ayuden a regular la vida colectiva. Para ello, se deben dar un conjunto de dimensiones:
Autoconocimiento: esta capacidad permite el descubrimiento de la propia manera de ser, pensar y sentir, de los puntos de vista y valores personales, posibilitando un progresivo conocimiento de sí mismo, una valoración de la propia persona y en niveles superiores, la autoconciencia del yo. Autonomía y autorregulación: La capacidad de autorregulación permite, más allá de la influencia colectiva, de la opinión de los pares o los adultos alcanzar una mayor coherencia de la acción personal. Es la propia persona que logra establecer los principios de valor y se organiza para actuar de acuerdo con ellos.
Capacidades de diálogo. Las mismas se nutren en los intercambios lingüísticos cotidianos, en los cuales los chicos van desarrollando sus posibilidades de argumentar, de confrontar opiniones, de defender la propia opinión ante los otros, de escuchar y descifrar los mensajes que recibe, produciendo razonamientos cada vez más complejos. El diálogo permite buscar soluciones aceptables para todos los implicados en un tema. La autonomía y el diálogo hacen posible la crítica, la apertura hacia los demás y el respeto por los derechos humanos.
Capacidad para transformar el entorno: Esta capacidad contribuye a la formulación de normas y proyectos contextualizados en donde se han de poner de manifiesto criterios de valor que promuevan la implicancia y el compromiso personal. Comprensión crítica: Implica el desarrollo de capacidades orientadas a la adquisición de la información éticamente relevante en torno a la realidad y la actitud y el compromiso para mejorarla.
Empatía y perspectiva social. Posibilita a la persona incrementar su consideración por los demás, interiorizando valores como la cooperación y la solidaridad. La progresiva descentración posibilita el conocimiento y la comprensión de las razones, los sentimientos y los valores de las otras personas. Habilidades sociales para la convivencia: Son el conjunto de comportamientos interpersonales que va aprendiendo la
persona y que configuran su competencia social en los diferentes ámbitos de la relación. Permiten la coherencia entre los criterios personales y las normas y principios sociales.
Razonamiento moral: Capacidad cognitiva que permite reflexionar sobre los conflictos de valor teniendo en cuenta los principios de valor universales.
Como docentes, reflexionamos permanentemente sobre los valores que desarrollan la capacidad para la convivencia. Somos profesionales que compartimos una tarea en común, y día a día nos planteamos la necesidad de seguir profundizando sobre nuestra propia comunicación, consolidándonos como equipo de trabajo.
ASPECTOS QUE AYUDAN A MEJORAR LA CONVIVENCIA
El niño pequeño reconoce lo que está bien o está mal en función de una moral heterónoma, es decir que le viene de fuera y que se concreta en la aprobación o desaprobación de la persona que ejerce la autoridad. Se ha considerado que hasta los siete u ocho años, al carecer de un pensamiento de tipo reversible posee un pensamiento egocéntrico que no le permite ver las cosas desde otro punto de vista que no sea el propio y que cree que todos los demás lo comparten, de tal forma que le es prácticamente imposible ponerse en el lugar de las necesidades y motivaciones de los otros y de responder a ellas. La forma de mediar y de dar consignas por parte del adulto incide en la posición del niño en estos aspectos.
Nuestra práctica nos ha demostrado que el explicarles el sentido de la norma, hacerlos participar en la medida que se pueda en su planificación así como en la discusión de las mismas, hablarles de los sentimientos y pensamientos del otro desarrolla el proceso de descentramiento, da acceso a niveles de desarrollo moral superiores y a un entrenamiento que favorece el paso de una moral heterónoma a una de tipo más autónomo. El mantener la norma sin explicaciones, a base sólo de la exigencia, mantiene al niño durante más tiempo en una situación de heteronomía.
Por lo tanto, podemos decir que es fundamental:
- Plantearle normas lógicas y consistentes, vigilando su cumplimiento.
- Darle a conocer lo que se le permite y lo que no.
- Estas normas tienen que ser razonables, acordes con lo que le podemos exigir según su momento evolutivo, coherentes entre sí procurando que no varíen con las circunstancias que rodean al adulto, salvo excepciones señaladas, pudiendo ser previstas por el niño.
- Recibir la explicación del por qué de una norma, ayudará a comprender que las mismas no son arbitrarias, sino que se derivan de la necesidad de un orden, de un respeto por los otros o por uno mismo.
- Es fundamental permitir la participación del niño en su discusión y creación, a medida que la edad lo permita, elaborando con sus pares el propio Contrato de la sala.
- El hecho de poder hablar de la norma, de discutirla, de dar soluciones a conflictos, de crear las pautas en grupo, enriquece su pensamiento.
- El ponerse en el lugar del otro, adoptando puntos de vista diferentes, el hecho de escuchar diversos razonamientos morales estimula el crecimiento cognitivo y la aceptación de la norma por su necesidad.
- Es esencial ofrecerles un modelo coherente con nuestros actos. Si a un niño le estamos pidiendo que no grite, no se lo podemos decir gritando; los valores no se transmiten sólo de palabra sino sobre todo con lo que estamos manifestando a través de nuestra conducta.
CONFLICTOS
Para mediar en los conflictos de los niños, proponemos intervenir ayudándolos en su proceso de resolución, de tal manera que dándoles el andamiaje de los aspectos que todavía tienen en evolución, les enseñemos el camino para que posteriormente lleguen a resolverlo de forma lo más autónoma posible. Nuestra meta es que sean capaces de llevarse bien y de resolver sus problemas entre sí mismos, y no esperar permanentemente que sean los adultos los tomen las decisiones por ellos. Enseñarles a solucionar sus propios problemas, independizándose poco a poco de la participación del maestro. Por lo tanto, ante una situación de conflicto entre pares es necesario preguntarse, ¿cuál es la probabilidad de que alguien salga herido o la propiedad ser dañada? De evaluar la necesidad de intervenir, hacerlo con decisión.
En el jardín, ante la trasgresión de una norma:
- Advertimos al niño sobre su acción, le explicamos las posibles consecuencias de su actuar y lo invitamos a que modifique su actitud. Para que él acepte el cambio de conducta, es importante ayudarlo a entender que su propio comportamiento viene de él. Es su opción si elige continuarlo.
- Si persiste en hacer lo que le han dicho que no haga, actuamos tranquilamente, tomándolo con suavidad pero con firmeza, manteniéndolo cerca del adulto. Le señalamos que se siente al lado del maestro, diciéndole que, por el momento, ha perdido el privilegio de hacer lo que estaba haciendo (la actividad que los demás seguirán haciendo).
- Si tiene un conflicto con un par, lo estimulamos a contar lo sucedido, escuchando con atención su versión de la cosa y, por ejemplo, en el caso de un enojo que lo llevó a agredir, se le dirá claramente que él tiene derecho a estar enojado pero que no lo tiene para pegar, rasguñar, ofender o causar daño a otro, realzando el valor de la palabra para decir lo que siente y no actuarlo.
- Si no puede ajustarse a una regla, como por ejemplo, esperar su turno en un juego, se puede hablar con él acerca de esto: "tenés que esperar hasta que tu compañero termine”. Tranquilizarlo diciéndole: "sé que estás esperando desde hace un buen rato y que tenés muchas ganas de una vuelta en calesita, pero necesitás esperar hasta que él termine. Podés usar, quizás, el triciclo mientras estás esperando".
- Discutir acerca de lo ocurrido y de las reglas después del hecho, una vez conseguido un período razonable de la calma. Es vital que el niño sepa que el maestro entiende cómo él se siente (enojado, triste, etc.) comprobando que hay disponibilidad para ayudarlo a lograr un mejor manejo de la situación.
- Se debe implicar al niño en la decisión, porque tomando la responsabilidad de su propio comportamiento favorecemos el aprendizaje hacia el autodominio.
- Es importante ayudarlo a que cuando vuelva a la tarea, tenga la experiencia de haber podido sustituir con una conducta aceptable el comportamiento anteriormente señalado. Asegurase de felicitar al niño cuando él ha logrado modificar su actitud.
El ajuste social del niño, la habilidad para conseguir lo que quiere de una manera aceptable, tiene una relación directa con el número de posibilidades que puede imaginar para hacer frente a una situación y con su habilidad para predecir las consecuencias de esas diferentes salidas. Por ello, es importante mostrarles y enseñarles nuevas destrezas.
En cada una de las salas se construyen “acuerdos de convivencia” entre todos sus integrantes. Maestras y alumnos, conversan y reflexionan sobre qué es lo que se puede hacer, lo que no, cuáles son sus consecuencias, posibles soluciones y qué es lo que se espera de cada uno de ellos en diferentes situaciones. A medida que el nivel evolutivo de los alumnos lo permite, esas reflexiones y propuestas se van complejizando y teniendo en cuenta cada vez más variables necesarias para la convivencia. Cada grupo confecciona su acuerdo o contrato, el cual podrá ser utilizado cotidianamente en el desarrollo de cada una de las acciones de los chicos. En él podrán aparecer fotos, dibujos, letras, palabras y todo lo que consideren significativo para que ellos puedan utilizarlo con creciente autonomía. De esta manera, las normas, las pautas, son consensuadas entre todos y generan un nivel mayor de compromiso, conocimiento y aceptación de las mismas.
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